enero 13, 2016

What if I fly

Dicen que el miedo no es buen compañero. Que hay que dejarlo atrás, que el fracaso es crecimiento, con lo cual, por qué tener miedo? Fallar es más humano que respirar. De los fracasos, de los intentos fallidos, es de dónde han salido los más grandes inventos. Aquella primera hoguera se encendió después de ni me imagino cuántos intentos. Así que,

«What if I fall? But, oh my darling, what if I fly?»

Empezar a dedicarme a la fotografía, fue un paso poco meditado, lo reconozco. No estaba en mi mejor situación, ni laboral ni familiar. Por suerte, estos dos ámbitos llenan todas mis horas del día, así que la decisión de añadir un trabajo más a mi día a día no surgió de una larga reflexión, sino de un golpe de emoción. Vi cómo poco a poco, la gente iba creyendo en mí, quería verse en mis fotos, y así, casi por inercia, salté.

Hace ya un año de esta decisión. Puedo decir que he fotografiado a preciosos bebés, niños adorablemente movidos, familias llenas de complicidad, parejas que se comían con sólo mirarse, abuelos terriblemente enamorados de la vida,… Y echando la vista atrás me doy cuenta que la fotografía me completa. No ha sido fácil, he tenido que quitarle horas al sueño, he dicho varias veces me equivoqué,…  pero sigo.

Empecé de puntillas, casi con algo de vergüenza, ni lo decía en voz alta, no tenía formación académica en fotografía, así que me sentía un poco usurpadora de algo, pero hoy algo ha cambiado. Hoy siento que puedo ofrecer mis fotografías a quién las sienta y quién las quiera, sin que por éso le esté quitando nada a nadie. Siento que soy capaz de dar toda mi sensibilidad en una sesión, de descargar imágenes y decir, wow… ésta es maravillosa. Estoy preparada para creérmelo.  Ojalá cuente contigo a mi lado por si me fallan las alas.

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